La metamorfosis: Kafka y la metáfora del insecto

Deseo compartir con ustedes algunas impresiones a propósito de la genial novela La metamorfosis, con la esperanza de que los alcance y los derribe como hace conmigo cada vez que recaigo en su lectura.

Maldita sea la tuberculosis y bendito sea Max Brod, cuya proverbial desobediencia puso a salvo los escritos de Kafka. Pueblan la literatura miles de obras excelentes, miles de autores brillantes, incluso algunos geniales. Más arriba, a mucha distancia, conviven unos pocos excepcionales, imprescindibles. Kafka es uno de ellos. Pero su profunda modestia a punto estuvo de dejarnos sin el gozo de su lectura. Entre estertores terminales, le suplicó a Brod que quemase su producción en cuanto él muriese. Por eso, bendita sea la tozuda sordera de su amigo que pobló nuestro imaginario de insectos, juicios, monstruos y asombros sin igual.

Esta es la historia de Gregorio Samsa, un viajante gris y anodino que una mañana cualquiera amanece convertido en un repugnante insecto. Así comienza el delirante relato de un hombre rebajado a la condición de cucaracha –de cucaracha con tamaño de hombre– y su lucha por sobrevivir y adaptarse a su nueva condición. Rodeado por su familia, acosado por su jefe y por una sirvienta malvada, intenta hacerse un hueco en la existencia de los otros a pesar del profundo asco y rechazo que les inspira. Sus padres y su hermana, movidos por la obligación y la compasión intentan, en un principio, procurarle una existencia cómoda. Pero, poco a poco, el insoportable peso de la repulsión los hace ir cediendo a sentimientos mucho menos caritativos… y la pena se torna aborrecimiento.

Lo de menos son los porqués, cómo se llega a esta metamorfosis, qué la provoca, qué la explica. Y esa es la clave sublime con que está escrita toda la obra. Se trata, pues, de un suceso no explicado ni explicable que encierra en sí mismo la justificación que lo ha concebido. En La metamorfosis se encuentra explícito, como verdad revelada, la semilla del realismo mágico; ese modo viscoso y envolvente de exponer un acontecimiento fuera de toda lógica como si se tratase de algo cotidiano, razonable, esperado y para lo que no se precisa esclarecimiento alguno. Hoy Gregorio Samsa ha amanecido siendo cucaracha, esto es lo que hay; ahora vívanlo, créanselo y no busquen entender, sólo déjense llevar por esta nueva realidad increíble pero verosímil… y encájenla.

Son tantos los análisis a los que este texto ha sido sometido que es imposible añadir nada nuevo; aun así, me atreveré a señalar algunas conclusiones a las que he llegado tras su lectura. A mi entender, La metamorfosis es la metáfora del hombre solo que, aplastado por la iniquidad de los otros, se transforma en espantoso espejo de la realidad y cuando esto sucede, esos otros, incapaces de reconocerse en ese monstruo que ellos mismos han fabricado, lo rechazan y aíslan. Pero también es un cuento maravilloso, un relato terrorífico que nos presenta como factible lo potencial. Y todo ello cosido con las sutiles mezquindades humanas que hacen de nosotros seres infinitamente más infectos que la hermosa y desamparada cucaracha que encerramos en su cuarto con la infantil esperanza de que nadie la vea, jamás. Así que Gregorio es un exhibicionista que pasea sus vergüenzas y fealdades recordándoles a todos las propias; algo así como el retrato del hermoso Gray pudriéndose en la buhardilla.

La técnica narrativa es fulminante. Kafka elige un léxico desnudo y básico, una sintaxis sencilla y rotunda; no quiere en su obra más efectismo que el del propio argumento, con lo cual contribuye aún más a realzar el delirio de la trama. Las acciones se describen con esa morosa lentitud kafkiana con la que desmenuza momentos y sensaciones. Todo es aplastante y asfixiante: la locura se ha instalado en el devenir rutinario de esta familia. Esto no puede continuar así.

Cuando comiencen a leer La metamorfosis sentirán que han sido trasladados a otra dimensión de la realidad, cercanamente extraña. No se resistan. A la mañana siguiente, comprueben que sus antenas y sus caparazones están en su sitio… y disfruten.

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