Alejandra Pizarnik

Quien conoce a Alejandra Pizarnik se pierde para siempre. Yo quise imaginar que fuimos amigas y le escribo desde la desesperación de lectora que ya no le leerá nada nuevo. Pero lo que dejó hecho es infinito.

Santander, 21 de junio de 2020

Querida Alejandra:

Confío en que al recibo de la presente te hayas reencarnado ya en la palabra secreta que viniste a buscar y que te negaste mientras fuiste cuerpo. Ni te imaginás cómo sigue todo tan parejo desde tus 50 seconales en el 72 (¡qué boludos los loqueros del Pirovano, qué éxito el tuyo!); no sufrás, linda; por acá todo bien; ahí siguen los poetas en su locura que fue la tuya y hoy son otros los remedios que no los curan, tan ineficaces como los de entonces, pero le dan duro, te juro por dios… tendrías que verlos enfermarse en el verso mismo, llorando porque no llegan, con la boca llena de palabritas trastornadas, peleando por morirse para seguir vivos. Y yo les digo: ¿leyeron a Alejandra? ¿Y… a qué esperan?

Hace unas semanas me conseguí una edición bárbara de tu poesía completa, recopilada por la Becciú (¿sabés que la Olguita la ayudó a juntar tus papeles? ¿Te imaginás a esas dos revolviendo tus cajones, siempre increíblemente prolijos?). Quedáte tranquila porque le salió buena la cosa. Te los ordenó cronológicamente, te respetó fechas y correcciones de esas que vos hacías con un marcador rojo reescribiendo arriba del mismo verso. Propiamente una joya, te digo. Además, se ahorró los comentarios, angustiada por la subjetividad de quererte pero no se dejó ninguno. Mirá: La tierra más ajenaUn signo en tu sombraLa última inocenciaLas aventuras perdidasÁrbol de DianaOtros poemasLos trabajos y las nochesExtracción de la piedra de locuraEl infierno musical y más o menos otros 100 poemas que no llegaron a libro, entre los que se incluyen aquellos verso-diario que escribías en la sala 18 avisando de tu partida y burlándote de celadores y psiquiatras. Mirá que sos vos también… y dale con hacerles la lista de las conchas y las pijas que te comiste a lo largo y a lo ancho (de este mundo)… ¿Viste que las becas si servían? Dejáte de joder con que no te gustaba viajar…

Volviendo; que te leí completa y ahora ando infartada, como con un hambre sorda acá en la boca del estómago. Casi nunca comprendo el acertijo de tus versos pero sigo y sigo convencida de que toda esta masa verbal se me hará pastel ahí adentro, sin saberlo yo, sin pretenderlo vos: Oh perforar con vino la suave necesidad de ser pero tomar y tomar solo te trajo más sed. A veces, te dejabas llevar por la ilusión de tu Utopía y te hacías creyente palabras donde poder sentarnos / y sonreír pero al final, siempre sola, despojada de ti, alejada de todo, buscando(te)(nos) ¿no es verdad que yo existo / y no soy la pesadilla de una bestia? Cómo te anticipabas siempre, cómo lo veías venir, cómo te veías marchar explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome y al final lo conseguiste; fijate que ahora se me ocurre que, por ahí, todo lo escribiste después de muerta, que nuestra Alejandra ocupó el primer cuerpo disponible que se tropezó para habitar entre nosotros y se adornó de familia inmigrante ruso-judía (nena, qué elección la tuya… Avellaneda, Discépolo tangueando por Boca, la Myriam mucho más linda que vos (gorda, granujienta y tartamuda) y cómo te torturaba eso, la Escuela de Periodismo en los 50, las clases de pintura, las anfetaminas y los somníferos, cualquier cantidad de cigarrillos, la sexualidad transgresora, la depresión como forma de ser, el Talmud y la Biblia llorando contra el calefón…) eso sí, flor de barra linda que te mandaste: Cortázar, la Chacel, Octavio Paz, Olga Orozco y qué cosas increíbles que leías, Rimbaud, Rilke, Baudelaire, Kafka, Kierkegaard, el Romancero Viejo, escuchando a la Piaf a todo lo que da… ¿De verdad pensaste que podrías salir viva de semejante quilombo? De verdad, loca, que sos un milagro.

¿Sabés lo que más me enoja cuando te leo? Lo cabezadura que fuiste y lo coherente. Tuviste tanta decencia al morirte que nos dejaste el listón no alto, sino infinito. (¿Será cosa de conseguirse un revólver?) Nunca te hiciste concesiones; escapar de la mentira de “estar viva” fue tu única verdad y el resto, pedacitos de nimiedades insoportables que te lastraban y convertían tu insufrible vida del “lado de acá”, que diría Julio, en un via crucis he de morir de cosas así. Podías haber elegido la mediocre moralidad de lo normal; pero no, la Alejandra tenía que batirse con las palabras, explicarse sin las palabras, entenderse con sintagmas destruidos y anormales, solazarse en el tormento de lo ilógico disfrazado de cosas con nombre que siempre te dejaban muerta de hambre: los pájaros, los colores, las jaulas, el silencio, la noche, la niña, los yo me mí, la soledad, la locura, la luz, la música, el animal, la muerte. Sufrías de una sinestesia patológica que te animaba a amar con los muslos, a caminar con los pelos, a llorar con los lápices, a cantar con el humo, a morir con la vida.

Para hacértela corta, me jodió que no te despidieras. Sí, ya sé, vos decís que llevabas toda la vida diciendo adiós (querer quedarse queriendo irse) pero nunca te terminamos de creer y te digo más, cuando no estabas presente, las chicas comentábamos para autoconvencernos, que los suicidas no avisan tanto, que andá a saber si la Alejandrita no estará mandándose la parte con tanta sangre y tanto joder con las pastillas y que lo más seguro es que no fueran más que puras llamadas de atención. “Es una nena” decíamos. ¡Qué cagada!

Voy terminando. ¿Qué te cuento de acá? Julito se fue hace años (y Borges también, jajajaja), ¿te acordás de aquel pibe peruano que andaba a los puños con el colombianito Márquez? Le dieron el Nobel, mirá vos… La Argentina anda como el culo; no sabés lo que fue Videla y compañía; por suerte te fuiste antes. La poesía anda mal, flaca… como siempre pero hay cualquier cantidad de poetas en los bares, en la calle, en las plazas. Para volverse loco; una manga de piantaos divinos. Hacéme acordar que en la próxima te cuente de un boliche llamado La Curva y de otros que vinieron después.

Bueno, loca linda. Prometeme que te vas a cuidar. Descansá, desconectá, no dejés de escribir(me), saludá al Julio si lo encontrás y buscá la forma de volver, te lo pido por favor. Te sigo queriendo. No dejés de disfrutar.

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