Historia de una escalera: Buero Vallejo o la galvanización

Buero Vallejo. No me atrevo a decir más.

Cuando Buero Vallejo estrena Historia de una escalera en el Teatro Español en 1949, ya debía sospechar que esta obra, de la que abominó en numerosas ocasiones, habría de ser no solo su triunfo editorial y teatral más grande, sino también esa que encerró en sí misma la esencia de aquella España que, lo que son las cosas, ha resultado ser la rediviva de ésta nuestra de ahora: miseria de cuerpo y alma.

En un espacio físicamente claustrofóbico, los personajes de Buero malviven, envejecen y “malmueren” sin esperanza y ese ciclo horripilante de sus vidas convierte este drama en tragedia humana, en espejo hiperrealista de unas existencias humilladas y condenadas a repetirse hasta la extenuación. Por ello, aunque la obra termine cronológicamente en 1949, bien pudiera no acabar nunca y seguir mostrándonos ad infinitum el desolador panorama de estos seres con pocos sueños y muchas pesadillas.

En total, dieciocho personajes suben y bajan a diario durante 30 años las mismas escaleras y en sus descansillos, a modo de ágora castiza, intentan resolver lo suyo, averiguar lo otro, lucir sus miserias y esconder sus verdades sin más finalidad que la de ir tirando mientras comprueban aliviados, que la suerte del vecino nunca es mejor que la suya. Y entonces los sorprende la vejez y la muerte, pero sus hijos, herederos por derecho de tan escasa fortuna, vendrán a perpetuar la encerrona vital en que vivieron sus padres. La escalera es entonces laberinto, prisión, ataúd; el Minotauro disfrazado de fracaso los espera al fondo y no hay Ariadna que les eche un hilo…

El decorado es la escalera y el trampantojo esta España agotadora que les pesa como una losa y huele a ambiente cerrado: los tópicos maniqueístas, los falsos pudores, las desigualdades sociales y culturales, la imposibilidad de que entre algo de aire y los deje volar. Sin apenas mencionar una sola palabra estrictamente “política” -lo cual explicaría que esta obra sortease la censura franquista (afortunadamente tan necia en ocasiones)- Buero Vallejo critica con ferocidad aquel sistema opresor y crea,  magistralmente, el arquetipo de Estado perseguidor en forma de cobrador de la luz, quien en apenas unas líneas, apremia a los vecinos al pago inmediato de la factura permitiéndonos dibujar desde el primer acto el perfil del resto de los personajes: ese insolente cobrador, con su uniforme y su vieja cartera se cree un todopoderoso que disfruta saboreando la humillación y la derrota de unas pobres gentes para las que el recibo de la luz puede ser la  shakespeariana diferencia entre comer o no comer. Y uno lo lee ahora, sesenta y cinco años después y encuentra tan poca distancia…

En esta lista de personajes tipo, el autor no deja cabo suelto: el sindicalista con alma revolucionaria, el joven ambicioso y soñador, la señorita con posibles, la fresca, la hija abnegada y solícita, el chulo, las pobres mujeres desdibujadas y sometidas a una existencia casi invisible pero absolutamente imprescindible. Y, generación tras generación, se repiten los perfiles al igual que los nombres (¡qué sabiduría la del gran Buero!) por eso uno tiene la percepción de que nada se ha movido, apenas la ropa ha cambiado; detalles nimios a través de los cuales vislumbrar el atroz inmovilismo de sus vidas.

Si bien los diálogos, como ocurre siempre en el género dramático, desarrollan la acción y guían la trama, las acotaciones constituyen en este texto un auténtico tesoro literario; allí la voz de Buero se escucha nítida marcando cada gesto y movimiento de sus títeres, matizando las palabras con muecas evidentes o sutiles, sugiriendo la forma de vestir o de replicar de este puñado de sombras que tras la galvanización literaria, vuelven a la vida sin perder un ápice de su dolorosa y metafórica atemporalidad. Si leen despacio y entre líneas verán a Buero Vallejo asomar entre el decorado vigilando impotente el mísero devenir de sus fantasmas. (Entre aplausos, se encienden las luces. Al fondo, dos caballeros de gabardina gris abandonan la platea). Cae el telón.

Desde su sillón o desde la platea, disfruten.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .